Para Zapa

Quien no haya pasado una noche en Nevizade o en Tünel no puede saber de qué hablo.

Nocturno en Beyoğlu, Estambul (Turquía)

Los edificios convertidos en pisos-bares, las verdulerías (y las barberías y las tintorerías y las tahonas…) abiertas 24 horas, las actuaciones en directo, los vendedores ambulantes, la sempiterna cerveza sin espuma, las aglomeraciones no importa el día ni la hora, los cafés para fumadores (pese a la prohibición), los amores que comienzan y los que terminan, las sopas calientes a altas horas de la madrugada, los músicos callejeros, las hordas de taxis acechantes por las esquinas, el éxtasis de ver bailar, las citas imposibles, los camareros incombustibles, las caras conocidas y las otras, las vistas desde las terrazas, el olor de las palomitas recién hechas, el frío nocturno y las estufas, los mismos itinerarios a pie, los restaurantes para noctámbulos hambrientos, los carteles de conciertos, los que se buscan la vida de las formas más inimaginables, los cigarrillos, los encuentros casuales, la ciudad dormida al otro lado del bulevar, la música detrás de cualquier puerta y en cada ventana, las conversaciones interminables, los bocadillos de kokoreç (o de mejillones rebozados, o de calamares…), la gente, las horas que pasan, los bailes sueltos y los agarrados y los en corro, las copas de rakı, la imaginación siempre volando, los que se van, los que se quedan, los grafitis con el puño en alto, la vida en la calle, la vida…

La muerte llega a buscarte al día siguiente.

Advertisement